miércoles, 6 de mayo de 2020
Y.
viernes, 1 de mayo de 2020
N.
domingo, 5 de abril de 2020
L.
martes, 17 de marzo de 2020
Con dos tazas y una sonrisa.
miércoles, 5 de febrero de 2020
L.
martes, 21 de enero de 2020
L.
miércoles, 8 de enero de 2020
Y.
Y me doy permiso para (des)montar mi puzzle como a mí me dé la gana, aunque con tanto trajín voy perdiendo piezas por el camino. Pero no importa, al fin y al cabo soy yo la que decide cuando abrir y cerrar la ventana (y la mente, y la puerta, y las piernas, y el corazón, y lo que me dicte la razón).
lunes, 30 de diciembre de 2019
2020
lunes, 23 de diciembre de 2019
Blanca navidad.
sábado, 14 de diciembre de 2019
T.
Tengo que dejar de regresar cada semana allá donde un día dejé crecer mis raíces. Hace tiempo que no encuentro el camino, y poner parches con pedacitos del pasado no ayuda. Tanta incertidumbre hace que me tambalee. Y me autoengaño diciendo que ya no siento nada, que aquello que tuvimos (y todo lo que construimos, y lxs que nos acompañaron) son un pilar en el que aguantarme hasta descubrir cuál es mi rumbo. Pero en el fondo sé que es mentira, que no es sano echar tanto de menos, que me duele saber que la vida avanza y yo me pierdo, que no dejo de mirar el móvil para ver si me escribes. Añoro los días en los que me levantaba y quería comerme el mundo. Hoy he vuelto a caer, entrando en bucle en tu habitación, dramatizando como años atrás, dejando que saliera mi niña pequeña, y soltando unas cuantas lagrimitas cuando una voz ajena me ha preguntado si todo está bien, mientras tú seguias marcando la distancia jugando a juegos de mesa en la otra punta de la casa, haciendo como si nada pasara. Y es que en el fondo tienes razón, porque sé que cuando estoy así, si me abrazas pierdo el sentido. Y abandonarme entre tus brazos echando de menos las raíces que un día tuve no es la mejor opción.
domingo, 8 de diciembre de 2019
miércoles, 13 de noviembre de 2019
Volar.
jueves, 10 de octubre de 2019
A.
viernes, 6 de septiembre de 2019
Q.
Quizás lo único que estás haciendo
es dejar que pase el tiempo
para que no sea demasiado tarde
cuando me crea tu mentira.
¿Acaso sabes a qué has venido? Sigue inventando diferentes finales, no hay prisa. En el fondo estás igual de perdida que cuando empezaste a caminar.
domingo, 1 de septiembre de 2019
Y.
Y para rematar la velada, también él ha tenido que llamar a la puerta. Y mientras (creo que) me pierdo entre sus brazos, rehace el camino que por mi culpa se cortó.
C.
Cuando intento irme a dormir temprano, vuelves a aparecer. Me acuerdo de la noche en que cogí un avión, un autobús, un tranvía y me presenté en tu casa sin permiso. Y te gustó tanto que me abrazaste fuerte tantas horas que apenas me dejaste dormir. También recuerdo cuando me acariciabas el pelo y decías que hasta mis canas te parecían bonitas, y mi cara de gitana, y mis dientes de ratón. Me acuerdo del día en que me dijiste que follar conmigo no estuvo mal (y ya está), y del te quiero que se te escapó el día que nos despedimos (para siempre) después de darme un beso en la comisura de los labios, justo antes de irte con ella de la mano y dejarme a mí en el bar, con cara de tonta, cervezas de más y sexo barato esperándome.
Recuerdo tantas cosas que intento sacarte de mi mente dándome un poco de amor propio, pero al final acabo llorando, y llorar mientras te masturbas es demasiado triste. O quizás demasiado bonito.
Septiembre.
lunes, 26 de agosto de 2019
U.
Una parte de mí sigue creyendo
que si escribo todas mis disculpas
me perdonarás de una vez,
aunque nunca me leas.
domingo, 25 de agosto de 2019
Cartas que nunca leerás, capítulo I
Querido tú:
Hace mucho tiempo que decidiste que no ibas a ser tú quien cortara mis alas. Dos años, tres meses, dos semanas y seis días sin discusiones sin sentido, dramas que llegaban sin permiso, sin despechos y sobredosis de orgullo, sin pasar el día queriendo y no pudiendo. Y sin los programas de televisión absurdos antes de dormir, sin comer como si no hubiera mañana, sin los domingos en bicicleta, sin caricias gatunas, sin volver a intentarlo una y otra vez, porque aunque teníamos las rodillas despellejadas de tanto caernos, siempre nos quedaban un poquito de fuerzas para probar de nuevo. Siempre volvíamos a levantarnos, hasta el día en que tu corazón intentó frenarte, pero tu cabeza dijo basta. Y lloré horas y horas, y dos meses después pude darte las gracias, y volar de nuevo, pero sin cogerte de la mano.
Han pasado demasiadas cosas desde aquel día, y creo que lo tengo más que superado. Tan sólo te echo de menos cada vez que te veo. El resto del tiempo, puedo decir que todo va bien.
sábado, 24 de agosto de 2019
H.
He intentado borrarte de mi presente
follando con el primero que me invitó a su cama. Y lo único que he conseguido es que tú quieras salirte de mi vida y yo quiera meterte más en la mía.