viernes, 6 de septiembre de 2019

Q.

Quizás lo único que estás haciendo
es dejar que pase el tiempo
para que no sea demasiado tarde
cuando me crea tu mentira.

¿Acaso sabes a qué has venido? Sigue inventando diferentes finales, no hay prisa. En el fondo estás igual de perdida que cuando empezaste a caminar.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Y.

Y para rematar la velada, también él ha tenido que llamar a la puerta. Y mientras (creo que) me pierdo entre sus brazos, rehace el camino que por mi culpa se cortó.

C.

Cuando intento irme a dormir temprano, vuelves a aparecer. Me acuerdo de la noche en que cogí un avión, un autobús, un tranvía y me presenté en tu casa sin permiso. Y te gustó tanto que me abrazaste fuerte tantas horas que apenas me dejaste dormir. También recuerdo cuando me acariciabas el pelo y decías que hasta mis canas te parecían bonitas, y mi cara de gitana, y mis dientes de ratón. Me acuerdo del día en que me dijiste que follar conmigo no estuvo mal (y ya está), y del te quiero que se te escapó el día que nos despedimos (para siempre) después de darme un beso en la comisura de los labios, justo antes de irte con ella de la mano y dejarme a mí en el bar, con cara de tonta, cervezas de más y sexo barato esperándome.

Recuerdo tantas cosas que intento sacarte de mi mente dándome un poco de amor propio, pero al final acabo llorando, y llorar mientras te masturbas es demasiado triste. O quizás demasiado bonito.

Septiembre.

Septiembre es el mes de los propósitos. Es el momento de hacer un reset y empezar de nuevo. De darnos una segunda (o tercera, o cuarta, o incluso quinta) oportunidad. De estrenar agenda, calendario, gimnasio, vida sana e ilusiones. De perdonarnos lo mal que lo hicimos en invierno, lo tontos que fuimos en primavera, los errores que cometimos en verano. De pensar que el curso nuevo traerá una vida nueva. De reiniciar el año por enésima vez. De sentir que ocho meses a base de tropiezos y alguna hostia han sido suficientes para madurar (de nuevo). De creer que una simple fecha en un calendario inventado hace más de dos mil años puede marcar un punto final y un nuevo inicio.. Hay quien cree en la magia de la Nochevieja, hay quien se espera al año chino, hay quien confía en las noches de verano. Quién sabe, quizás sea el momento de creer en el noveno mes del año. Y dejar que llegue y nos dé la mano y que no nos hunda y que nos abrace fuerte y sobretodo que fluya sin tanta palabrería y tantas piedras y tantos dramas y tanta hostia. Que vuele, joder, y que venga y nos sorprenda.