miércoles, 6 de mayo de 2020

Y.

Ya no queda tiempo para jugar a ser poeta. Las nubes devoran los segundos, y a veces parece que se nos vaya a acabar el aire. Las noches se inundan con tanta nostalgia, ignorando la luz que se cuela sigilosamente por la ventana sin que nos demos cuenta. Hemos abandonado tanta palabrería absurda para dejarnos llevar por muchos mimos y pocas nueces. Nos sangran las heridas de tanto tropezarnos y levantarnos y plantarle cara al miedo (por fin). Apenas recordamos los pocos sueños que teníamos, pero al menos el otoño todavía pretende ser verano, y con unas copas de más, los lunes intentan parecer menos lunes.

viernes, 1 de mayo de 2020

N.

Nos han robado el mes de abril. 
No paran de repetirnos que todo irá bien, y lo siento, pero muchos días no me lo creo. No todo está siendo malo, ojo. He descubierto que me gustan las acuarelas, desayunar tortitas con fresas, ordenar la nevera por colores, conducir siempre que la canción que suena me motive, cocinar platos de Europa del este y escribir cinco poesías seguidas, sin filtro ni corrector. Digamos que me he escuchado, me he abrazado y me he cuidado un poquito más que de costumbre, y eso es estupendo, pero de ahí a que todo, to-do, T O D O va a salir bien hay un cacho enorme. Y es que a veces tantas falsas ilusiones me dan miedo, porque la hostia que nos meteremos cuando se acabe la purpurina y los arcoiris será épica.
Un día, hablado conmigo misma, mis entrañas reptilianas me aconsejaron que no dejara que el miedo despertara mi ira. Y que si lo hace, hay que canalizarla, para convertir algo destructivo en un proceso constructivo. Dejar que fluya, aprovechar al máximo su fuerza y energía. Y si sale mal, darme permiso para cagarla. Y si sale bien, seguir adelante, pero sin bajar la guardia. Y si quiero llorar, gritar, y enfadarme porque el mundo es una mierda, darme permiso. Si un día pienso que todo irá bien y me lo creo, perfecto, pero si a la mañana siguiente soy consciente de la que se nos viene encima y de que la normalidad no volverá y de que las pasaremos putas y por culpa de todo esto se me borra la sonrisa y me dejo de hippiadas, más perfecto todavía. No os dejéis engatusar por el optimismo tóxico. Quejarse, tener dudas y ser consciente de que no todo irá bien está bien.

domingo, 5 de abril de 2020

L.



Le confesé a mi padre lo que había hecho. Ni siquiera pestañeó. Era como si todo este tiempo lo hubiera sabido, tan sólo estaba esperando escucharlo de mi boca para acabar de confirmarlo. Hace casi tres años que su princesa, la niña de sus ojos, se cargó a golpes al hombre que le destrozó la vida, engañó a la policía, metió a un inocente en la cárcel y salió sin un rasguño de ésta. Papá dijo que estaba orgulloso de mí, pero podía saborear la duda en su mirada. Escondí el machete bajo la falda, sonreí, y recibimos la noche fumando un cigarro a medias.

martes, 17 de marzo de 2020

Con dos tazas y una sonrisa.


Suena el despertador,
pero por suerte,
hoy es domingo.
Un dulce aroma a café
inunda la casa.
Te busco a ciegas,
acariciando los orgasmos del colchón
con las yemas de mis dedos.
Has dejado tus suspiros
entre mis sábanas,
pero antes de que me abandone a la nostalgia
y empiece a echarte de menos,
regresas a la habitación,
con dos tazas, una sonrisa
y ganas de hacerme el amor.
Me escurro entre tus brazos,
entre tus piernas, entre tus labios,
bebiéndome tu sudor,
mordiéndote los latidos.
Y es que ya es tradición
acabar la semana
comiéndote a besos
mientras el café se enfría esperándonos.
Quién me iba a decir
que aquella cola de supermercado
me iba a regalar mis mejores domingos.
Ya no me acuerdo de ir a misa,
ni de comer helado a cucharadas,
ni de llorar con películas absurdas,
ni de escribir poesía barata sin destinatario.
Se te escapa un te quiero,
y apenas sonrío.
Tengo miedo, puedes olerlo.
Pero no pasa nada,
seguiremos jugando
a cafés de domingo
con arrugas en las sábanas
y mordiscos de más.
Y que se me lleve la muerte
cuando ya no quiera verte.

miércoles, 5 de febrero de 2020

L.


Llueve. Llueve tan fuerte que ni siquiera tu paraguas me protege de las gotas, ni del miedo, ni de lo que vendrá. Llueve con ganas, las que me faltan desde que te fuiste.
Cae la lluvia con tanta ira que parece que quiera partirme en pedazos. Tengo los latidos mojados de tanta pena, y mis entrañas todavía preguntan por qué te dejé marchar…
Y no lo sé. Sólo sé que llueve, y que tu paraguas ya no me protege de las gotas, ni de mí.

martes, 21 de enero de 2020

L.

La que se levanta los lunes con ganas de comerse el mundo pero sin energía en las entrañas. La que piensa que vomitando palabrería barata todo saldrá mejor. La que sonríe a desconocidxs mientras se inventa sus vidas. La que siempre lleva un libro encima y pocas veces lee, la que promete cosas inalcanzables y tropieza en el camino con los mismos dramas una y otra vez. La que escribe cartas que nunca envía, la que siempre llega tarde a las citas y deja los proyectos a medias. La que sale corriendo cuando empiezan a crecer las raíces.

La que sigue soñando con cambiar de vida los domingos. La que se ha acostumbrado a dormir sola, sin poder -ni querer- abrazar(te). 

Despiértame cuando acabe diciembre.

miércoles, 8 de enero de 2020

Y.

Y me doy permiso para (des)montar mi puzzle como a mí me dé la gana, aunque con tanto trajín voy perdiendo piezas por el camino. Pero no importa, al fin y al cabo soy yo la que decide cuando abrir y cerrar la ventana (y la mente, y la puerta, y las piernas, y el corazón, y lo que me dicte la razón).