miércoles, 13 de noviembre de 2019

Volar.


Nadia no era la mejor esposa del mundo. Siempre le dolía la cabeza antes de hacer el amor, se quejaba de cosas insignificantes, hacía mucho ruido al masticar y no sabía ni preparar unas lentejas decentes, pero al menos cuidaba de él. Le planchaba la ropa, limpiaba la casa y le daba un beso cuando llegaba de trabajar. Nadia era el ejemplo ideal de mujer florero. Se mostraba dependiente, sumisa y con pocas luces. Lo que Juan no sabía es que, durante todos estos años, Nadia tenía una vida fuera de esas cuatro paredes, y un amante, y ganas de vivir, y planes de futuro. Y como una buena hormiguita, estaba preparando su huida con todo el esmero del mundo, para poder volar al otro lado del charco, y pagar para que le plancharan la ropa y le limpiaran la casa. No era la mejor esposa del mundo, pero tampoco deseaba serlo. Con ser una buena actriz mientras conseguía el dinero que necesitaba, le sobraba… Y parece ser que lo fue, porque Juan todavía llora cuando relee la postal que ella le envió dos años después desde Costa Rica el día en que volvió a ser libre.